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Orígenes De La Acupuntura

1.— En su origen, no es una medicina.

2.— Sí es una Tradición, transmitida minuciosamente, pero no en el sentido de costumbrismo, sino de transmisión de conceptos universales.

3.— No es específicamente de China. Dada su antigüedad (se habla de más de cinco mil años) se puede considerar referida a todo Oriente.

Los textos más antiguos que hablan de esta tradición, se refieren más específicamente a la manera en la que el hombre debe estar en el Universo.

Se habla de tres emperadores míticos o celestes:

Fu Shi, el Emperador Blanco, padre del famoso “I Ching” o libro del cambio, de la mutación o del oráculo.

Shennong o Emperador Rojo, al que se atribuye la descripción de las propiedades medicinales de las plantas. Se dice que fue el que desarrolló la agricultura.

También fue quien describió el trayecto de los canales energéticos. Cuenta la historia—leyenda que podía ver el movimiento de sus propias energías.

Huang Di o Emperador Amarillo, el que desarrolló los conceptos “médicos”. Transmitió el Nei Jing (“Tratado de lo Interno”).

Se encuentra dividido en dos partes: So Wen y Ling Shu.

Estos textos nos hablan de toda una forma de concebir la existencia, de cómo debe estar el hombre en su universo.

Por tanto:

4.— No tiene en principio, en los orígenes, una intención específicamente de medicina para tratar enfermedades o tratar problemas sino que es todo un tratado de cómo vivir la vida.

5.— De esa concepción, surge la idea de cómo prevenir la aparición de posibles enfermedades.

6.— Y luego, finalmente —ya muy cercano a nuestras épocas— surge, de la misma concepción, el modo de tratar las enfermedades.

Según esta concepción, el hombre enferma o es propenso a enfermar porque no sabe vivir la vida y disfrutarla, porque ha perdido esa conexión, ese intercambio con su Universo.

Es esa falta de conexión y de interrelación con el medio la que le hace enfermar. Es lo que hoy en día se llama “entorno”: la relación con mi universo, la relación conmigo mismo, la relación con los demás.

En ese sentido, la MTC no es algo separado del hombre sino que surge como necesidad de situar al hombre en su verdadera dimensión. Por eso en su origen se dedica fundamentalmente a la prevención.

Y aquélla medicina que previene “antes” de que el sujeto enferme es una excelente medicina. Aquella medicina que mejora cuando el sujeto ya tiene los primeros síntomas es una medicina “regular”. Y aquella medicina que sana o que cura cuando ya el sujeto está enfermo es una medicina “mediocre, vulgar”.

La historia de la medicina en el planeta sigue ese camino. El hombre, como especie, se va deteriorando. Está cada vez más enfermo y a más temprana edad, eso es evidente.

Cada vez son más sofisticados los sistemas de diagnóstico y los abordajes terapéuticos… parece que el modelo de “hombre económico”, con el Dinero y el Poder como dioses, no es compatible con la vida “normal”, armoniosa y sin enfermedad.

Definir “lo normal” no resulta fácil: bien es cierto que este concepto varía de unas culturas a otras, pero hay una serie de elementos que pueden ser comunes.

Ejemplo: NO MATAR, NO MENTIR… pero todos los días hay miles y miles de seres humanos que son muertos por otros seres humanos; y la mentira es casi una institución.

Si pudiéramos tan sólo poder restablecer el equilibrio entre esas dos cosas: muerte, matar, no matar, no mentir, solamente esas dos cosas… indudablemente evitarían multitud de enfermedades y prevendrían multitud de acontecimientos de dolor y sufrimiento que tiene la humanidad hoy.

Mientras no cambie el concepto del hombre como una realidad económica, seguirá desarrollándose la especie bajo el signo de la enfermedad y, obviamente, si sigue así, terminará por desaparecer la especie.

La disminución de la capacidad reproductora, el aumento de las enfermedades autoinmunes, autoagresivas, congénitas y degenerativas, entre otros, marcan claramente los signos típicos de una especie enferma en vías de desaparición.

Ante esta situación, es evidente que el hombre tiene que preguntarse si es todo eso un acontecimiento inevitable o, por el contrario, hay posibilidades de variar el curso y el rumbo de esa historia.

El planteamiento global, en definitiva, de la existencia. La antigua Tradición Oriental, con su visión del hombre como entidad energética (visión muy similar a la de la actual física cuántica), proporciona claves que el hombre actual —en este caso el médico o el sanador— puede aplicar como elementos preventivos y terapéuticos.

De la Tradición antigua china, entresacamos tres textos que van a marcar la manera de ver al hombre en el universo.

“I Ching”, “Yi Ching” o “Chou Yi”: “El Libro del Cambio”, “El Libro del Oráculo”, del cual existe una excelente traducción de un autor alemán: Richard Wilhelm.

A través de él conocemos la visión oracular del hombre en su universo, o dicho de otro modo, la visión que tiene el Cielo del hombre en el universo. Este texto está atribuido a un emperador mítico:

Fu Shi.

“Dao De Jing” (Tao Te King), atribuido a Lao Tse, en el que se describe, de forma filosófica y existencial, cuál debe de ser la presencia del hombre en este universo, bajo la visión del hombre, de un hombre iluminado como era Lao Tse.

“Nei Jing”, atribuido a otro mítico emperador:

Huang Di, quien describe en dos libros, “So Wen” y “Ling Shu”, cómo el hombre tiene que sintonizarse con el universo y ya, específicamente, cómo tratar los procesos de enfermar.

Siguiendo con la secuencia anterior, representaría la forma que tiene la Tierra de ver al hombre. ¿Por qué se plantea la idea de cómo debe estar el hombre en el universo?

Existen dos razones fundamentales: primero, ese hombre de la alta antigüedad —ya situado fuera del tiempo— tenía un conocimiento bastante extenso del universo, y segundo, porque llega a la visión de que el hombre es también un universo.

Se trata de hacer un planteamiento de cómo un universo perdura, o cómo un universo puede convivir en el seno de otro universo.

De ahí que aparece la idea del “macrocosmos” (como cosmos general) y al hombre se le referencia como un “microcosmos”.

Esa idea se va a repetir a lo largo de la historia, en diferentes comunidades y concepciones humanas, desde los egipcios hasta los mayas.