¿Que Son Los Baños De Vapor Y La Sauna?

Baños de Vapor:

El baño de vapor consiste en una vaporización sobre el cuerpo, y puede ser general o local. Aquí nos referiremos al general, especialmente con la cabeza fuera.

Este baño produce a través de un vapor de agua al que se le puede añadir algunas plantas aromáticas (espliego, tomillo, romero, etc.), o alguna esencia, para activar la apertura del poro cutáneo y aumentar la sudoración.

Por otro lado al tener la cabeza fuera del baño de vapor, ayuda a que el paciente soporte una mayor temperatura en el interior del cuerpo sin sufrir como algunas personas notan una sensación de ahogo.

El tiempo de duración puede variar para las distintas personas, pero podemos afirmar que por término medio de unos 15 minutos es suficiente. A continuación del baño de vapor debe hacerse una ducha fría, o bien caliente seguido de fría al final.

Este baño de vapor está indicado para aquellos enfermos reumáticos, artríticos, hipertensos, obesos, bronquíticos y respiratorios crónicos, (aunque estos últimos efectuarán un baño de vapor más corto), etc. También tiene un efecto relajante y es un complemento muy interesante para el masaje.

Debe efectuarse un máximo de dos a la semana, aunque una vez a la semana es lo más indicado.

Estos baños normalmente se efectúan durante la época no calurosa, salvo ocasiones en los que el médico los haya recomendado.

La Sauna:

Lo primero que precisa quien va a tomar una sauna es disponer por lo menos de dos horas de tiempo. Tomar una sauna con prisas porque se llega tarde a una cita es echarla a perder, ya que de ella no solo pueden aprovecharse sus posibilidades físicas, sino también sus beneficios sobre el psiquismo.

Convendrá pues destinar con tiempo, uno o dos días a la semana, para tomar la benefactora sauna con satisfacción y olvidar en ella las preocupaciones cotidianas.

De poder elegir la hora, es preferible tomarla en la primera mitad del día, para adaptarnos mejor a las variaciones fisiológicas diarias de la temperatura corporal. Si esto no fuera posible, podrá tomarse también por la tarde, aunque no conviene terminar después de las ocho de la noche, ya que si bien la sauna ejerce un efecto favorecedor del sueño, tanto en duración como en “profundidad” (demostrado con encefalogramas) si se toma demasiado tarde puede ejercer un efecto contrario y desvelarnos innecesariamente.

Es obvio que no conviene tomar una sauna mientras se está haciendo la digestión, sobre todo si la comida ha sido copiosa, ya que el intestino y otras partes del aparato digestivo precisan una gran cantidad de sangre para realizar sus funciones, y el calor de la sauna desvía grandes cantidades de sangre del interior del cuerpo hacia su superficie quedando el intestino con una menor cantidad de sangre.

De todas formas, tampoco resulta conveniente tomar la sauna con hambre. Lo ideal es que se realice después de unas horas de haber comido así como esperar una hora como mínimo para comer tras su finalización.

Otra cuestión muy diferente es la bebida de líquidos en las pausas, o todavía mejor, al finalizar la sauna. Como bebida puede tomarse agua mineral, zumos de frutas, caldo vegetal, infusiones, malta, etc., pero jamás café o bebidas alcohólicas. Se beberá la cantidad de líquido que nuestra sed determine.

Una vez que el termómetro del interior de la sauna ha alcanzado la temperatura adecuada (alrededor de los 90 – 100° C en su parte superior) se sigue una serie de pautas previas.

En primer lugar deberemos disponer de un par de chancletas de baño, una pastilla de jabón o champú, un par de toallas y un albornoz.

Lo primero a realizar antes de entrar en la sauna es una ducha con agua caliente y jabón, no solo para limpiar la superficie de nuestro cuerpo, sino también para activar previamente la circulación sanguínea.

Nunca debe tomarse una sauna con el cuerpo frío, y aún menos con los pies fríos. Para evitarlo se practicará, si fuera necesario, un baño de pies de temperatura creciente y alterna, es decir, 10 minutos en agua cada vez más caliente para terminar con un baño o chorros de agua fría sobre la parte previamente bañada durante unos 10 a 20 segundos.

Tras estos baños, siempre nos secaremos bien, pues no hay que entrar en la sauna con el cuerpo húmedo. Si entramos en la sauna con una fuerte sensación de frío, los vasos sanguíneos tardan en reaccionar correctamente y puede producirse una desagradable subida de la tensión sanguínea.

Dejaremos las sandalias de baño en la puerta de la sauna y entraremos en su interior.

Quien nunca ha tomado una sauna es preferible que al principio se siente en el primer banco, es decir, en el más inferior. Si al cabo de pocos minutos nota que sigue encontrándose bien, puede subir a un banco superior y tumbarse o recostarse en las plataformas inclinadas móviles que tienen muchas saunas para que todo el cuerpo se halle a la misma temperatura.

Conviene que la atmósfera o ambiente dentro de la sauna sea agradable. Esto hace referencia no sólo a la temperatura interna reinante, sino también al “calor” humano, a la conveniencia de tomarlas en el ámbito familiar, con amigos o con personas con las que tengamos cierta afinidad.

La sauna debe ser un lugar de tranquilidad y recogimiento. El tiempo de permanencia en la primera entrada en la sauna, será de ocho a doce minutos, recomendándose no superar el cuarto de hora. No hay que pretender batir el record con las saunas y probar a ver quien aguanta más, ya que su misión es transmitir salud al cuerpo y no hacer competiciones.

Quien con unos quilos de más piense que estando más tiempo en la sauna se va a adelgazar más deprisa, también comete un error, ya que lo que se elimina, aparte de toxinas, es agua que se necesitará reponer después.

Antes de salir del interior de la cabina convendrá incorporarnos, permanecer y en posición de sentado, los dos últimos minutos de nuestra primera estancia, para que la situación hemodinámica, del aparato circulatorio pueda adaptarse luego, mejor a la posición erecta.

Cuando evocamos los parajes nevados del norte de Europa, y más concretamente la zona de los lagos helados de Finlandia, aparece la imagen familiar de unos cuantos nórdicos tomando una sauna y golpeteándose el cuerpo con unas ramas de abedul, el popular “vinta”.

Los mismos efectos los podemos conseguir cepillando nuestra piel con un cepillo o un paño áspero. Su finalidad no es otra que activar aún más si cabe, la circulación sanguínea de la piel. Resulta de especial interés en personas con irrigación cutánea deficiente, con marcada palidez y a cuya piel le cuesta mucho enrojecer.

Otra conducta observable en algunos “seguidores” de las saunas, es echar agua procedente de un cubo de madera, con un cazo, que suele haber en el interior de muchas saunas, a la que suelen añadir extractos de plantas aromáticas.

Al verter el agua sobre las piedras que hay en la estufa de la sauna, ésta se evapora repentinamente, notándose una fuerte sensación de calor que empapa todavía más nuestro cuerpo, pues se condensa una gran cantidad del vapor desprendido, apareciendo la piel perlada de gotas de agua y sudor.

En realidad, desde el punto de vista salutífero el “Loyly”, como llaman los finlandeses este “golpe” de vapor, carece de interés y podemos prescindir de él si nos llega a resultar molesto.

Es sabido que la sauna ejerce un efecto preventivo frente a gripes y resfriados. No obstante, cuando este tipo de enfermedades ya están asentadas no hay que pretender curarlas a base de saunas por mucho tiempo que estemos en ellas y muchos “Loylys” que practiquemos. Aquí el efecto de la sauna es más bien modesto.

Una vez hemos pasado los 8- 12 minutos en su interior y hemos sudado convenientemente vamos a salir de la sauna y someternos a la fase llamada de “refrescamiento” o “enfriamiento”, tan importante como la anterior fase de “calentamiento”.

Seguro que recordaremos las imágenes de nórdicos bañándose en un lago helado al salir de la sauna campestre.

En realidad no constituye ningún acto heroico a pesar de lo que pueda parecer en un primer momento.

El calor acumulado por nuestro cuerpo en la sauna es tan intenso que para una persona joven y entrenada no representa ningún gran sacrificio.

No obstante para quien no esté habituado a ello, hay el inconveniente no de que no pueda soportar temperaturas tan frías, sino de que algunos vasos sanguíneos de la piel puedan no reaccionar bien a estímulos tan intensos, apareciendo en la superficie corporal zonas pálidas junto a otras enrojecidas.

Como de lo que se trata es de entrenar nuestros vasos sanguíneos, utilizaremos los estímulos térmicos de forma progresiva.

De un mayor a menor estímulo térmico frío, podemos clasificar u ordenar los procedimientos que utilizaremos en la fase de refrescamiento de la siguiente forma:

1° Paseo al aire libre, haciendo respiraciones profundas con el cuerpo totalmente desnudo durante unos minutos. Es el estímulo de menor intensidad.

2º Chorro de agua fresca o fría, pero a muy Poca presión. Para ello descolgamos la ducha teléfono y dirigimos el chorro con una mano, mientras con la otra, vamos friccionando la parte del cuerpo sobre la que cae el chorro.

Empezamos por los pies, y vamos ascendiendo hasta terminar por la espalda, que es la parte del cuerpo más sensible a los estímulos térmicos.

3° Un estímulo térmico frío más intenso lo constituye la ducha fría con el agua a cierta presión. Sin descolgarla, nos meteremos directamente debajo y nos friccionaremos el cuerpo con ambas manos.

4° Finalmente, la aplicación más intensa, la constituye el baño directo en agua fría, sea en un barreño, pileta, piscina o lago. El efecto vasoconstrictor del agua fría sobre los vasos sanguíneos de la piel produce un gran paso de sangre en ésta y hacia el interior del organismo, efecto que se ve reforzado por la presión hidrostática a que es sometido nuestro cuerpo en el interior del agua.

Por todo ello, este procedimiento se evitará en pacientes con insuficiencia circulatoria, cardiaca y en hipertensos. De todas formas, este baño de impresión frío, solo debe durar unos segundos (10 – 15 – 20) aunque se puede repetir algunas veces.

No hay que asustarse cuando al sumergirnos en el agua fría notemos que se nos “corta” la respiración. Se trata de un reflejo fisiológico transitorio que iremos superando con respiraciones lentas y profundas.

Esta fase de refrescamiento debe ir acompañada de cierto tiempo de reposo o descanso de varios minutos.

No conviene meterse enseguida en la sauna una vez nos hemos duchado o bañado con agua fría.

Nos secaremos bien y nos taparemos con el albornoz y si es necesario nos echaremos en una hamaca o tumbona, tras lo cual podremos volver a entrar en la sauna. De todas formas, es con la primera sudación como se eliminan la mayor parte de las toxinas.

Resulta desaconsejable tomar más de tres saunas seguidas.

Siempre al terminar la última sauna deberemos hacer, tras la fase de refrescamiento, un descanso de larga duración (de media hora a una hora) y, desde luego, evitar todo tipo de ejercicio físico intenso tras la sauna, pues el sistema nervioso vegetativo no está preparado para ello.

La última fase de refrescamiento deberá ser lo suficientemente completa para evitar que el paciente una vez descansado y vestido, presente todavía cierta sudación, lo que jamás debe ocurrir si el refrescamiento ha sido el adecuado.