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Higiene Postural Del Masajista

La posición que adoptemos a la hora de hacer el masaje sera el espejo de nuestra futura espalda. Realicemos una higiene postural, para poder trabajar durante muchos años.

Nuestra columna está formada por tres curvas fisiológicas:

. Lordosis (hundimiento) cervical.

. Cifosis (convexidad) torácica.

. Lordosis lumbar

Cada una de estas curvas están programadas para recibir, soportar y expandir el peso del cuerpo. Su estado dependerá de la musculatura paravertebral que es la que principalmente las mantiene y controla.

Si realizamos una postura de flexión de tronco y flexión de cuello, las curvaturas cervical y lumbar se allanaran y la torácica aumentara. Esta postura quedará sostenida por la musculatura paravertebral.

Las vertebras se aproximarán por su cara anterior, con lo cual crearán una mayor presión discal (del disco vertebral ) en la zona. Si mantenemos esta postura durante mucho tiempo, la musculatura paravertebral se fatiga, el disco recibe un gran peso. Todo esto desembocara en el dolor de espalda. Si repetimos esta postura en cada sesión, acabaremos siendo nosotros los que necesitemos un masajista.

No olvidemos tampoco nuestros brazos ni manos.

Si trabajamos con los hombros elevados, nuestros trapecios nos lo recordarán durante mucho tiempo.

Si realizamos toda la fuerza con la musculatura del antebrazo o trabajamos con mucha presión sobre el pulgar lo único que conseguiremos es cargar y fatigar nuestra musculatura.

Cuando realizamos un masaje, una de las cosas que debemos tener en cuenta es la postura que adoptemos.

Por ejemplo:

Nuestra espalda deberá estar siempre recta. Si la altura de la camilla no es la adecuada, lo que haremos será bajar nuestro cuerpo realizando una flexión de piernas. Igualmente si el recorrido del masaje es muy amplio lo que haremos será cambio del centro de gravedad pivotando (basculando) sobre las dos piernas.

Siempre nos colocaremos cerca de la zona que debamos tratar, o en el lado más cómodo. En el caso de la espalda, deberemos cambiar de lado si la zona a tratar nos resulta incómoda por nuestra posición.

Si debemos realizar una fuerza mayor, no la haremos con nuestros brazos Colocaremos el cuerpo perpendicular a la zona y usaremos nuestro peso como fuerza. El mismo caso ocurrirá con nuestro dedo pulgar.

Hay que recordar de que hemos de colocar al paciente o cliente en una posición lo más cómoda posible para el, lo que se convertirá en comodidad también para nosotros mismos.